Domingo 22 de Febrero de 2026

Hoy es Domingo 22 de Febrero de 2026 y son las 16:36 -

SALUD

22 de febrero de 2026

El impacto invisible de las redes sociales en el cerebro de los más chicos

La evidencia científica vincula el uso excesivo con ansiedad, depresión y cambios en el desarrollo. Profecionales de la salud mental advirten que “la prohibición por sí misma es un reduccionismo” y destacó el rol clave de los adultos.

La escena se repite en miles de hogares: adolescentes que no pueden dejar el celular ni un minuto, enojo cuando se les pide que lo apaguen, pérdida de interés por las actividades que antes disfrutaban, noches que se extienden frente a la pantalla encendida. Durante años se lo atribuyó a un “choque generacional”. Pero hoy la ciencia nos ofrece otra explicación: el cerebro adolescente es especialmente vulnerable a los estímulos de las redes sociales.

Diversos estudios internacionales señalan que el sistema de recompensa en la adolescencia es más sensible, mientras que el control de impulsos todavía está en desarrollo. Las plataformas digitales, entonces, diseñadas para captar la atención mediante notificaciones, scroll infinito y recompensas intermitentes, interactúan directamente con ese sistema.

 

Datos del Departamento de Salud de Estados Unidos muestran que quienes pasan más de tres horas diarias en redes sociales duplican el riesgo de sufrir problemas graves de salud mental. Un estudio aprobado por la Biblioteca Nacional de Medicina en 2025 determinó que cada hora adicional de uso incrementa un 13% el riesgo de depresión.

En una reciente publicación de El Diario de España, la psiquiatra Anna Lembke definió al smartphone como “una jeringuilla moderna que administra dopamina digital”. Según sus investigaciones, la sobreestimulación constante genera un “estado de déficit de dopamina”, en el que el joven ya no busca entretenimiento, sino compensar un desequilibrio químico que le dificulta disfrutar otras actividades.

Salud mental y pantallas: alertan por el uso problemático en adolescentes.

En paralelo, estudios masivos comprobaron la relación entre redes sociales y distorsión de la imagen corporal. Un metaanálisis de 83 investigaciones con más de 55.000 participantes confirmó la asociación entre la comparación constante en redes y el desarrollo de trastornos alimentarios. Casi la mitad de los adolescentes encuestados reconoció sentirse peor con su cuerpo tras usar estas plataformas.

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, en tanto, confirmaron además que el uso intensivo puede alterar la arquitectura cerebral en solo tres años, volviendo al adolescente más sensible a la aprobación o el rechazo social.

Más allá de la prohibición: cómo afectan las redes sociales

Frente a este escenario, varios países comenzaron a debatir límites de edad y regulaciones más estrictas. Sin embargo, para la licenciada Alba Piccardi, psicóloga del Colegio de Psicólogos de Bahía Blanca, que trabaja con niños y adolescentes, el foco no debería estar únicamente en la prohibición.

“La prohibición por sí misma es un reduccionismo. Es una solución simplista y muy difícil de aplicar. No construye autonomía progresiva en niños y adolescentes”, explicó en diálogo con La Brújula TV. Para la especialista, el desafío es formar criterio y capacidad de autocuidado. “Tenemos que generar en ellos una conciencia progresiva de qué cosas les hacen bien y qué cosas les hacen mal. Si solo prohibimos, no enseñamos a elegir”.

Piccardi subrayó que el concepto de control debe entenderse como cuidado. “El control tiene que ver con el cuidado, no con una cuestión invasiva. No se trata de meterse en cada charla, sino generar un entorno de confianza para que, si algo les suena raro o los incomoda, puedan acercarse a un adulto y hablarlo”, señaló.

En un contexto donde muchos hogares no cuentan con adultos presentes todo el día, la psicóloga remarcó que la clave no es la vigilancia constante, sino la disponibilidad emocional. “No importa si el papá o la mamá trabajaron todo el día. Lo fundamental es que cuando estén, estén realmente para escuchar. Si el chico siente que del otro lado va a haber enojo o reproche, no va a hablar”.

Adolescencia hiperconectada: riesgos, regulación y el rol de los adultos.

Consultada sobre si es posible reconstruir el vínculo en la adolescencia cuando no se consolidó en la niñez, fue clara: “Nunca es tarde para generar un vínculo saludable. No es fácil, pero el adulto es quien debe sostener. Tiene que ser genuino y sostenido en el tiempo. El adolescente puede enojarse, puede cerrarse, pero el adulto es el que tiene la madurez para profundizar el vínculo”.

Respecto de la edad adecuada para el uso de pantallas, citó recomendaciones internacionales. “Hasta los dos años no debería haber pantallas. Después el uso tiene que ser muy limitado y siempre acompañado. En general, uno podría pensar que a partir de los 13 años empieza a haber una maduración más adecuada para introducirse en redes, y siempre con supervisión”.

También confirmó que el uso problemático ya está documentado clínicamente. “El 10% de los adolescentes está haciendo un uso problemático de las tecnologías. Ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño, bajo control de impulsos, muchas veces vienen ligados al exceso”, indicó. Y agregó que es momento de consultar cuando aparecen cambios muy marcados en el humor o cuando el joven no puede regular el tiempo de conexión.

Más allá de las futuras leyes o restricciones, la especialista insistió en que la comunidad adulta —padres, docentes, referentes— debe asumir un rol más activo. “No podemos confiar en que lo restrictivo va a cuidar a nuestros hijos al 100%. Tenemos que estar disponibles nosotros”, dijo.

En un mundo hiperconectado, el debate ya no gira en torno a si las redes existen o no, sino a cómo acompañar a los más chicos para que puedan habitarlas sin que su salud mental quede en riesgo.

COMPARTIR:

Comentarios

Escribir un comentario »

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!