La orden la habÃa dictado el Tribunal en lo Criminal Nº 2 y sobre todos los miembros de la agrupación delictiva a la que se le aplicó tres años y medio de cárcel. AsÃ, se suma al ex subcomisario Nicolás Pérez y los oficiales Cristian Gabriel GarcÃa, Daniel Enrique Dupré y MatÃas Sebastián Guerra Velarde.
Cabe recordar que en la tarde de ayer, los primeros detenidos en la DDI habÃan sido Pérez y GarcÃa. Todos los involucrados estaban en libertad bajo fianza mientras se desarrollaba el proceso y adquirir firmeza el fallo, tienen que cumplir con la pena y por eso la policÃa procedió a detenerlos.
Cómo operaba la banda
El 11 de junio de 2020 a la tarde en su casa de Patagonia, un profesional de la odontologÃa estaba con su novia y una amiga. Tras un violento episodio, con otras mujeres que llegaron al lugar, una ambulancia traslada a una de las jóvenes que habÃa recibido unos puntazos a la clÃnica de Osecac. Allà es atendida, curada y esa misma noche dada de alta ya que la profundidad de los cortes no ameritaban prolongar su internación.
Con el correr de la investigación se demostró que algunas de las mujeres involucradas en la agresión, estaban involucradas con el negocio de la droga y por ello tenÃan conexión con funcionario de la ComisarÃa Quinta.
Mientras el profesional aguardaba en la sala de espera a su joven novia, recibe la visita de dos policÃas que le dicen que a la mañana siguiente iba a tener que ir a declarar a la ComisarÃa Quinta.
Efectivamente, en la mañana del dÃa siguiente el hombre se presenta en la seccional de calle Don Bosco y presta testimonio durante casi dos horas. Ante el fiscal Del Cero recordó que mientras le tomaban esa declaración “aparece un policÃa que se presentó como el Comisario. Es una persona de ojos claros, robusto, cabello entre rubio y pelirrojo, corto. Llevaba tapaboca. Este hombre empezó a agredirme, hablaba de mala manera, golpeaba el escritorio con el puño y decÃa que no creÃa lo que estaba diciendo, que habÃa algo raro, que no le gustaba. Este hombre se iba y venÃa. Me preguntó si yo no sabÃa que comprar drogas es un delito y me decÃa que me iba a armar una causa por estoâ€.
Luego de unos minutos de tensión, el primer policÃa le dice que lo va a ayudar y lanza una pregunta inquietante: ¿Vos cuanto crees que sale esto? Se referÃa a cuánta plata valdrÃa no armarle una causa judicial que, además de traerle complicaciones penales, le arruinarÃa su reputación por la trascendencia pública. “Y no sé cuanto saleâ€, respondió la vÃctima. A partir de ahà comenzó un “tire y afloje†por el monto a pagar. “¿Mil dólares?†El policÃa negociador se retiraba continuamente a consultar –se presume con el jefe Pérez– y volvÃa con la respuesta: “Es muy pocoâ€. Y asà un par de veces, recreando la vieja y clásica estrategia del “policÃa bueno y el policÃa maloâ€.
Finalmente cierran el trato: serÃan dos mil dólares. Quedan en que a la tarde se entregarÃa el dinero para que no haya causa penal.
En el transcurso del dÃa, desesperado, el odontólogo llama a un juez penal que conoce de la juventud para contarle la situación. AllÃ, el magistrado lo pone en contacto con el fiscal Mauricio del Cero y se organiza el operativo.
Como ya era entrada la tarde, el fiscal le solicitó más tiempo a la vÃctima para montar el procedimiento con la PolicÃa Federal. Le pidió que le mandara un mensaje a quienes lo extorsionaban. Ganó una hora. Todo era contrarreloj.
Una vez fotografiados y enumerados los dólares del odontólogo, se dispusieron vehÃculos no identificables con cinco grupos de federales de civil. Y, a varias cuadras, se apostaron patrulleros.
El encuentro, a pedido de los extorsionadores, serÃa en Zelarrayán y Perú. Lejos de las cámaras públicas de seguridad.
A las 21 del viernes, el odontólogo estacionó su camioneta. Llevaba los dólares en un sobre de papel madera con estampillas. La entrega estaba controlada y monitoreada.
A los pocos minutos, el oficial Daniel Dupré sube a la camioneta de su vÃctima para recibir el pago y le comenta que “era para el comisarioâ€. En ese instante un grupo de la Federal lo sorprende a los gritos y apuntándole a la cabeza. Dupré tira el sobre entre los asientos del vehÃculo del profesional, desciende y se arroja al piso. El extorsionado, en un primer momento, también fue obligado a ponerse contra el suelo porque los federales no lo conocÃan.
En paralelo, en el auto de Dupré (un Volkswagen Polo) que estaba estacionado a media cuadra, esperaba un policÃa cómplice que se dio a la fuga a pie cuando vio la cinematográfica escena. No pudo ser detenido.
Dupré habÃa dejado su arma reglamentaria y su teléfono celular en su auto. Es decir, no los llevó cuando fue a buscar el dinero hasta la camioneta del profesional. Esta situación le jugó en contra porque los otros dos efectivos corruptos que estaban de apoyo, instantes antes habÃan intentado avisarle que “abortara†la operación ya que habÃan descubierto que estaban cayendo en una trampa.
El destino quiso que Dupré no tuviera el arma cuando fue a recibir el pago. Todo podrÃa haber terminado de la peor manera si con su 9 milÃmetros hubiese enfrentado a sus colegas de la PFA o, peor aún, haber tomado de rehén a la vÃctima.
Los cómplices Cristian GarcÃa y MatÃas Guerra fueron detenidos a 70 metros del lugar, arriba de un Toyota Ethios. Estos efectivos estaban de campana y minutos antes habÃan advertido un “auto sospechoso†y se estacionaron detrás con las luces encendidas. El olfato policial era el correcto y por eso quisieron avisarle a Dupré. En ese auto habÃa efectivos de la Federal que debieron retirarse para no levantar sospechas y frustrar el operativo.
En paralelo a la detención de Dupré, otros patrulleros de la Federal –uno con el fiscal Mauricio Del Cero a bordo– cercaron el Toyota de GarcÃa y Guerra. Ahà se vivió el momento más tenso del procedimiento. Mientras unos siete federales apuntaban al vehÃculo, los bonaerenses GarcÃa y Guerra no decÃan nada. Se temió un tiroteo. Pero estaban rodeados y se rindieron. Bajaron con las manos en cabeza y uno de ellos exclamó: “¡Tranquilos muchachos, no pasa nada. Ya está, ya perdimos!â€
Operando en otra jurisdicción
En la interna de La Bonaerense, lo que más ruido hizo fue la incursión de la banda de la 5ta. en otras jurisdicciones. Porque el hecho originario –la casa del odontólogo– pertenece al destacamento Patagonia y la concreción de la extorsión se hizo en terreno de la comisarÃa Segunda: tanto la visita de los efectivos a la clÃnica de Osecac (9 de julio al 400) como la entrega de dinero en Zelarrayán y Perú.
Una probable explicación a la correrÃa de los efectivos de la seccional 5ta. en otros territorios obedece a que las dealers que fueron hasta el domicilio del Patagonia a entregar la droga estarÃan afincadas en el Barrio Noroeste, donde contarÃan con la cobertura de la comisarÃa de calle Don Bosco.
Asà las cosas, la principal hipótesis es que se trató de una maniobra orquestada. A sabiendas de que entregarÃan cocaÃna en la casa del “chetoâ€, mandaron a provocar el hecho –la pelea y los puntazos– que luego servirÃa para generar una actuación policial que formarÃa parte de la extorsión.
“Le vendieron la causa. No elevar el expediente a la Justicia le salió 2 mil dólares. Un expediente que –podrÃa comprometerlo o no judicialmente al profesional– pero el solo hecho de que tuviera trascendencia pública arruinarÃa la carrera del odontólogo. Además manejaban otra info, por ejemplo que el hombre ya habÃa estado en el Noroeste buscando chicasâ€, resumió una alta fuente del caso.
Rubio
Como ya se señaló, la vÃctima describió al comisario de la seccional como una persona de “ojos claros, cabello entre rubio y pelirrojo cortoâ€. También, a los federales, les dijo que “era altoâ€.
El subcomisario Nicolás Pérez, titular hasta este fin de semana de la 5ta., es rubio y reúne esas mismas caracterÃsticas. No es tan alto pero claro, todo depende de la perspectiva: el denunciante es de baja estatura. “Él lo vio alto, después dijo 1,80 aproximadamenteâ€, se sinceró una fuente judicial.
Pérez debió entregar su teléfono ante los oficiales de la Federal que le allanaron la comisarÃa. Allà puede estar la clave para determinar si estaba al tanto de la operación que hacÃa la banda a su cargo. En la fiscalÃa de Del Cero no tienen dudas, pero buscan evidencia para probarlo.
De la dependencia también se llevaron documentación. Se tratará de investigar si hay otras “causas†no elevadas a la Justicia y que hayan servido para otras extorsiones. Los expedientes cajoneados en comisarÃas es un viejo método de recaudación o de “intercambios de favores†de la PolicÃa. Muchas veces las presas favoritas son aquellas que tienen algo para esconder y que no, necesariamente, sea un delito.
Uno de los últimos casos que se conocieron en BahÃa involucró a un exfuncionario público, que logró que una denuncia en su contra durmiera durante dos años en un cajón de una comisarÃa. Todo se conoció cuando la vÃctima fue a preguntar sobre la suerte de su denuncia a la fiscalÃa. El expediente no existÃa porque habÃa quedado “traspapelado en la taquerÃaâ€.
Preservar la identidad
Desde que se conoció el episodio, muchÃsima gente preguntó de quien se trataba el profesional involucrado. Este medio decidió preservar su identidad por varias razones. En primer lugar porque los efectivos involucrados no sólo amenazaban y asustaban con armarle una causa, sino que además le recordaban que eso conllevarÃa un escándalo mediático con “consecuencias sociales inlevantablesâ€. De esta manera, si trascendiera el nombre de la vÃctima se cristalizarÃa una de las amenazas de los policÃas.
Arriesgó su pellejo denunciando a una banda de funcionarios corruptos, justamente, para evitar una acusación fabricada y un alboroto público que lo perjudique.
Si la Justicia en algún momento llegara a imputarle algún delito por aquel episodio generado en su casa, donde una joven fue lastimada, ya no podrá su nombre mantenerse en el anonimato.
La brujula