Buenos Aires, 21 de marzo (NA) – El economista Jorge Colina afirmó que la Argentina atraviesa una paradoja estructural: un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 4,4% convive con un aumento de la desocupación, que alcanzó el 7,5%.
El titular de Instituto para el Desarrollo Social Argentino explicó que este fenómeno se debe a que los principales motores de la economía —como el agro, el petróleo, el gas y la minería— son sectores intensivos en capital, con baja generación de empleo y ubicados fuera de los grandes centros urbanos.
“Lo preocupante es que el desempleo aumentó porque no se crearon puestos de trabajo”, sostuvo el especialista en declaraciones radiales, y remarcó que estas actividades “invierten más en maquinaria que en mano de obra”, lo que limita el impacto del crecimiento en las ciudades.
Esta dinámica afecta especialmente a grandes aglomerados urbanos como el Conurbano bonaerense, Rosario y Córdoba, donde la falta de oportunidades laborales consolida un cambio en la estructura del empleo.
Según el economista, el país avanza hacia un modelo de autoempleo de subsistencia, impulsado por plataformas digitales y el crecimiento del cuentapropismo. En ese sentido, indicó que actualmente cerca de la mitad de la población económicamente activa se desempeña en condiciones de informalidad o como trabajador independiente.
Colina comparó este escenario con la década de 1990, aunque destacó que el desarrollo de aplicaciones y servicios digitales actúa hoy como un “amortiguador” que evita niveles más altos de desempleo.
En relación con el impacto de la tecnología, relativizó los efectos de la inteligencia artificial y la automatización sobre el mercado laboral. Consideró que, lejos de eliminar el trabajo humano, estos avances transformarán la naturaleza de las tareas, con una mayor orientación hacia los servicios y actividades basadas en habilidades interpersonales.
Finalmente, en un contexto de inflación elevada y pérdida del poder adquisitivo, el especialista se refirió a la política salarial y planteó la necesidad de revisar el rol de las negociaciones paritarias.
“La paritaria debería funcionar como un piso de referencia para los aumentos salariales, y no como un techo, permitiendo que cada empresa ajuste por encima según su productividad”, concluyó.