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CULTURA

21 de febrero de 2026

Willy Bronca: “Muchos no se bancan que la gente de barrio haga cosas difíciles”

El rapero argentoperuano, impulsado por su perfil combativo durante el gobierno de Javier Milei, prepara un tercer disco sin samples y con músicos en vivo. Tras compartir escenario con Divididos, Manu Chao y María Becerra, apuesta a romper el estereotipo que asocia lo popular con lo simple.

Willy Bronca construyó su nombre a fuerza de confrontación. En una escena urbana atravesada por el algoritmo y la inmediatez, eligió el camino incómodo: letras filosas, crítica directa y una defensa explícita de la identidad latinoamericana. Su crecimiento coincidió con un clima político polarizado y supo capitalizar esa tensión con canciones que funcionaron como banda sonora del descontento.

Pero el nuevo paso parece ir más allá del gesto reactivo. Su tercer álbum —aún sin fecha confirmada— abandona los samples y se apoya en instrumentos grabados por músicos reales. La decisión no es solo estética: es también ideológica. Frente a la estandarización sonora y el avance de la inteligencia artificial, Willy propone volver a la ejecución humana como acto casi militante.

En esa búsqueda confluyen figuras como Catriel Ciavarella —baterista de Divididos— y el cineasta César González, encargado de dirigir el videoclip del primer adelanto. La alianza con nombres ligados al rock refuerza un puente que el propio artista reivindica: la tradición contestataria que el rap, según él, perdió en parte bajo el peso del mercado y el purismo interno.

Su diagnóstico es provocador. Sostiene que el trap se volvió mainstream, pero que el rap como género aún no lo es en la Argentina. Señala además una deriva conservadora dentro de la escena urbana y cuestiona la fascinación por fórmulas simples. En ese punto aparece la frase que sintetiza su postura: la resistencia que genera que “la gente de barrio haga cosas difíciles”. Allí se juega la tensión entre identidad popular y complejidad artística.

Sin embargo, el riesgo de su propuesta no es menor. El desafío de sofisticar el sonido sin perder conexión con el público puede convertirse en un arma de doble filo. Willy parece consciente de esa delgada línea: busca escapar tanto del panfleto reiterativo como del elitismo musical.

Entre la introspección y la combatividad, su nuevo material promete equilibrio. Ya no se trata solo de indignación viral, sino de construir una obra que sobreviva al clima de época. En un escenario donde la industria premia lo inmediato, Willy Bronca intenta demostrar que la ambición artística también puede nacer en el barrio —y que no necesariamente debe pedir permiso para hacerlo.

   
 

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