“Siempre voy a estar para darle una mano al club, y más en este momento, que tocó fondo y hay un desorden generalizado en lo social, lo económico y lo institucional”.
Con esa frase, Federico Gómez Peña resumió el delicado presente de Rosario. El exentrenador no oculta su preocupación por la situación de una institución golpeada por las deudas, las dificultades económicas y una crisis dirigencial que fue profundizándose con el correr de los meses.
Actualmente, el club es conducido por Angie Jacobo, junto a otros tres integrantes que permanecen de la Comisión Directiva conformada a principios de año. El alejamiento progresivo de dirigentes, en un contexto de compromisos que no se habrían cumplido, dejó a la entidad frente a un escenario complejo, tanto en lo económico como en lo institucional.
Gómez Peña, quien tuvo su último paso como orientador de la Primera de Rosario en 2025, confirmó que no asumirá nuevamente la conducción del equipo mayor. Según explicó, Jacobo lo convocó a una reunión para conversar sobre la posibilidad de hacerse cargo del plantel.
“Me llamó Angie para una reunión y le aclaré que si yo u otro técnico se hacía cargo de la Primera, había que tomar decisiones que a muchos no les iban a gustar”, señaló Peco.
Finalmente, optó por otro camino: formar, junto a un grupo de amigos y exjugadores, una comisión externa al club para colaborar con el fútbol menor y juvenil. La iniciativa apunta a trabajar desde las divisiones formativas, en un intento por contribuir a la reorganización de una institución que necesita recuperar estabilidad y proyectar su futuro.
Deudas, promesas incumplidas y un presupuesto que no cierra
De acuerdo con testimonios y reclamos de socios, hinchas y allegados, el presupuesto destinado al plantel superior estaría desfasado. Los ingresos del club no alcanzarían para cubrir los egresos vinculados con los salarios y otros compromisos, lo que generaría nuevas deudas mes a mes.
Parte de esas obligaciones correspondería a compromisos asumidos por dirigentes que ya no forman parte de la conducción. El problema no sería únicamente la falta de recursos, sino también la dificultad para sostener una planificación económica acorde con las posibilidades reales de la institución.
La situación derivó, entre otras consecuencias, en el alejamiento del entrenador Marcelo Katz, quien en su momento expuso públicamente las dificultades para cobrar los montos adeudados y garantizar la continuidad del proyecto deportivo.
“Nos dijeron que nos teníamos que ir porque no nos podían pagar más: ni lo anterior, ni esto, ni lo que viene”, había declarado Katz.
La frase dejó al descubierto las consecuencias deportivas de una crisis que excede los resultados dentro de la cancha y pone en discusión la forma en que se administraron los recursos del club.
Empezar desde abajo para intentar reconstruir a Rosario
Para Gómez Peña, la salida requiere mucho más que un cambio de entrenador. La prioridad, sostiene, debe ser ordenar la institución desde sus bases, atender las obligaciones pendientes y recuperar una estructura que permita sostener la actividad deportiva.
“Para acomodar el club hay que empezar desde la base, apuntar a las formativas, cancelar deudas, cumplir con las sanciones —las aplicadas por el Tribunal de Penas de la Liga del Sur—, hablar con los padres y reorganizar las categorías para poder seguir compitiendo como Rosario siempre lo hizo”, resumió.
El planteo apunta a reconstruir el fútbol formativo, reorganizar las categorías y recuperar la confianza de las familias, los socios y quienes acompañan cotidianamente al club. También implica afrontar las sanciones pendientes y revisar las prioridades económicas en un momento en el que cada decisión puede condicionar la continuidad de las actividades.
Con angustia, pero también con una cuota de esperanza puesta en 2027, Gómez Peña eligió colaborar sin asumir la conducción de la Primera. Su decisión abre una alternativa de trabajo, aunque el desafío de fondo sigue siendo el mismo: ordenar las cuentas, recuperar la estabilidad institucional y evitar que la crisis siga comprometiendo el futuro de Rosario.
La voluntad de quienes todavía están dispuestos a dar una mano puede ser un punto de partida. Pero para salir de esta situación, el club necesitará algo más que el compromiso de sus exjugadores: deberá traducir ese esfuerzo en decisiones concretas, responsabilidades claras y un proyecto sostenible en el tiempo.