POLITICA
11 de agosto de 2026
Unilever cerró una histórica fábrica en Mendoza y despidió a 60 trabajadores
La crisis industrial vuelve a golpear al interior del país. Esta vez, el impacto alcanzó a Mendoza, donde la multinacional Unilever decidió cerrar una histórica planta de producción y desvincular a sus 60 trabajadores.
Se trata de la fábrica de vegetales deshidratados ubicada en Corralitos, Guaymallén, que llevaba 62 años de actividad. Desde 2005 estaba operada por Unilever y sus tres líneas de producción estaban destinadas principalmente al abastecimiento de la marca Knorr.
La decisión tomó por sorpresa a los trabajadores y al Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA). Según explicó el secretario general del gremio, Oscar Aciar, durante la madrugada del lunes la empresa comenzó a comunicarse con los empleados para informarles que no debían presentarse a trabajar.
El sindicato señaló además que la compañía se comprometió a pagar el 100% de las indemnizaciones correspondientes y sumas adicionales a los trabajadores afectados.
El dato resulta significativo porque, según la representación gremial, el cierre no estaría relacionado con una situación económica crítica de Unilever, sino con un cambio en su estrategia productiva y comercial.
La producción que hasta ahora se realizaba en Mendoza sería reemplazada por productos importados para abastecer al mercado argentino.
La decisión vuelve a poner bajo la lupa el impacto de la apertura de las importaciones sobre la industria nacional. Mientras las empresas multinacionales pueden optar por abastecer el mercado mediante productos elaborados en otros países, el costo de esa reconversión recae directamente sobre las plantas locales y sus trabajadores.
La fábrica de Guaymallén no era una planta más. Representaba una parte de la historia de la industria alimenticia mendocina y se había convertido en una referencia nacional en la producción de vegetales deshidratados.
Unilever aseguró que el cierre no afecta la continuidad de sus operaciones en Argentina ni la presencia de Knorr, que continuará comercializando sus productos en el país.
La paradoja es evidente: la marca seguirá presente en las góndolas, pero parte de lo que antes se producía en Mendoza ahora podría llegar desde el exterior.
El cierre se suma a otros anuncios recientes de despidos y reducción de estructuras industriales y vuelve a encender una señal de alarma sobre el futuro del empleo fabril argentino.
La discusión ya no pasa solamente por cuánto se vende, sino por qué se produce en el país, dónde se produce y cuántos puestos de trabajo quedan en el camino cuando la producción local es reemplazada por importaciones.