La investigación por el uso ilegal de fármacos anestésicos en fiestas clandestinas suma elementos inquietantes y ya tiene a dos profesionales de la salud imputados, en el marco de una causa que intenta determinar si existe una organización delictiva detrás de estos eventos.
El expediente se originó el pasado 20 de febrero, cuando personal de la Policía de la Ciudad acudió a un departamento ubicado en la calle Juncal al 4600, en el barrio porteño de Palermo, tras la denuncia de familiares del anestesista Alejandro Zalazar, quien fue hallado sin vida en el interior de la vivienda. El cuerpo no presentaba signos de violencia, aunque en la escena se detectaron elementos descartables y una vía intravenosa conectada.
La autopsia determinó que el fallecimiento se produjo como consecuencia de la administración de propofol y remifentanilo. En paralelo, el Hospital Italiano denunció el faltante de medicamentos anestésicos, lo que permitió establecer un vínculo entre los insumos hallados y el centro de salud.
Con el avance de la causa, se identificó a dos imputados: Hernán Boveri, médico anestesista, y Delfina Lanusse, residente de tercer año. Ambos fueron indagados, se declararon inocentes y se negaron a responder preguntas, quedando en libertad pero con prohibición de salida del país.
Testimonios de autoridades del área de anestesiología del hospital complicaron la situación de los implicados. Según trascendió, Lanusse habría reconocido problemas de consumo desde hace dos años, mientras que Boveri admitió haberle suministrado sustancias en varias ocasiones, presuntamente con consentimiento.
Durante la investigación se realizaron allanamientos en distintos domicilios y en la sede de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación, donde se secuestraron ampollas, jeringas y otros insumos médicos.
En las últimas horas, se sumó una segunda muerte que podría estar vinculada al caso. Se trata de Eduardo Bentancourt, enfermero de 44 años, quien fue hallado sin vida en su departamento de la calle Fray Justo Santa María de Oro al 2400, también en Palermo. En el lugar se encontraron múltiples fármacos, entre ellos propofol, fentanilo y otros sedantes.
Los investigadores analizan ahora la posible existencia de fiestas privadas en las que se suministraban estas sustancias por vía intravenosa, bajo la modalidad de “viajes controlados”. Según las hipótesis, en estos encuentros habría personas encargadas de regular las dosis e incluso asistir a los participantes ante eventuales complicaciones respiratorias.
No obstante, los riesgos asociados al uso indebido de estos fármacos son elevados. Tanto el propofol como el fentanilo requieren estricta supervisión médica, ya que una mala administración puede provocar depresión respiratoria, pérdida de conciencia y la muerte.
La causa continúa en etapa de instrucción y es llevada adelante por la UFI interviniente, con el objetivo de determinar responsabilidades y establecer si las muertes están directamente relacionadas con esta presunta red ilegal.